Si hay alguien que juega un papel fundamental para el ecosistema emprendedor pueda salir adelante, esas son las aceleradoras de empresas, una industria que en el año 2001 era inexistente y que hoy se ha extendido a los cinco continentes con cerca de 80 sociedades, según los datos del Global Accelerator Report, que indican que en 2015 se invirtieron más de 190 millones a nivel mundial en más de 8.800 startups.

Y, precisamente, los asistentes al Alhambra Venture tendrán la oportunidad de contar con la presencia de dos de las mayores aceleradoras del mundo: la española Wayra (Telefónica), que figura en el top ten mundial por inversión de capital; y la estadounidense MassChallenge, que fue la número cinco del mundo por número de empresas incluidas en su programa, 218 startups. Roisin O’Flaherty, de la división de MassChallenge en Reino Unido explicará el modelo de aceleradora que esta compañía quiere exportar desde Boston hasta el resto del mundo: ya están presentes en EE UU, Reino Unido, Israel, Suiza y México.

MassChallenge es una sociedad sin ánimo de lucro que ofrece a las startups el acceso a los recursos que necesitan para tener éxito, desde espacios físicos de trabajo, hasta asesoramiento (mentoring), workshops (talleres multidisciplinares de trabajo intensivo) y el acceso a su red global de contactos del máximo nivel, algo esencial para abrir puertas y vías de negocio.

Con menos de 10 años de vida, MassChallenge ya ha conseguido atraer a grandes patrocinadores de categoría mundial, interesados no sólo en apoyar financieramente el emprendimiento, sino también en explotar potenciales sinergias para sus negocios. El futuro para las startups pasa necesariamente por la colaboración con las grandes empresas, que a ciertos niveles podrán ser sus competidores, pero en otros casos tienen el potencial de llegar a convertirse en aliados decisivos. En la nómina de colaboradores con la compañía de Boston destacan nombres de multitud de sectores: financiero (Fidelity, JPMorgan, Blackstone), tecnológico (IBM, Microsoft, Cisco); consultoría (Boston Consulting Group); Farmacia (Pfizer, Sanofi); Consumo (Henkel, Pepsico, Bosch.), entre otros muchos. El emprendimiento no es un nicho exclusivamente tecnológico y centrado en el desarrollo de diversas apps, sino que es una forma de redefinir la economía y las relaciones sociales, aprovechando la digitalización de la economía.

Sin fronteras

El modelo de MassChallenge se basa en estar abierto a toda startup que esté en su fase inicial, no hay fronteras, no hay condiciones, da igual el lugar del mundo de donde proceda y tampoco importa el sector industrial; además, la aceleradora no toma participación en el capital de las nuevas empresas, con el objetivo de que estas no se vean interferidas en su plan de negocio y no tengan restricciones. La red de MassChallenge es tan amplia que un grupo de unos 600 voluntarios expertos, entre inversores, ejecutivos y emprendedores, se ofrece para asesorar a las nuevas startups que entran dentro de los programas de aceleración. Los programas son de unos cuatro meses de duración.

Emprender es siempre muy difícil, dadas las barreras económicas y administrativas que hay que superar y a menudo convertirse en una tarea solitaria. Sin embargo, el objetivo de la aceleradora de Boston es que se trate de una experiencia en grupo, lo que refuerza el potencial de crecimiento y viabilidad de las startups. Constantemente se celebran sesiones sobre las distintas fases del desarrollo de negocios, a las que puede asistir todo el que lo desee. Las oficinas son espacios abiertos para atraer a expertos y profesionales multidisciplinares, con el objetivo de crear una relación simbiótica entre los emprendedores; un ambiente donde la inspiración entra en ebullición.

Todo ello sin olvidar que, al final, toda startup aspira a crear un negocio sostenible; en definitiva, a proporcionar un bien o un servicio a un mercado con la dimensión necesaria para que sea rentable. MassChallenge inspira una competición entre las startups de sus programas para encontrar las de más impacto y más potencial de crecimiento; una competición en la que los ganadores reciben una inyección de capital no dilutiva, ya que la aceleradora no toma participación en el accionariado.

Y es que, sin el respaldo de las aceleradoras, el papel de las startups como agentes generadores de empleo y dinamizadores de la economía sería mucho, mucho más complicado.